La manzana púrpura de Adán y Eva
Los días en los que se decide el gobierno y quiénes serán los dueños de los sillones de mando, todo se vuelve un puro revuelo, sentimientos de desasosiego y una nube de ambición cubre la ciudad, de aquellos que sueñan con vestir la púrpura. Una vez elegidos los primeros espadas, las sensaciones empiezan a tornarse en inquietud porque lo habitual es que los elegidos no sean del todo parte del gusto propio. Si además se produce por segunda vez la coincidencia de que el poder esté en manos de unos, pocos, y no de las mayorías femeninas, es desalentador. Pero la situación de bulla sigue, la creación de equipos quita el sueño a medio gremio político, los segundos espadas, los terceros, y lo mejor el martes de feria. El día del Consejo de Gobierno, el martes, es el día de las cuadrillas de los matadores. Alegría para los que fueron avisados un rato antes, pena para los que reciben el mismo aviso pero a la contra y en cuestión de horas tras darse a conocer los elegidos, ya se han diseñado por amigos, enemigos, colegas y hasta por los administrados, los mapas de relaciones y contactos. Sin embargo en este devenir tumultuoso, hay una cosa que se escapa habitualmente en las valoraciones sobre los nuevos residentes del poder y es la púrpura. Que debe ser como la manzana de Adán y Eva, a la que casi todos sucumben y dejan de ser ciudadanos de la calle para estar unos centímetros más altos que los demás, parecido a la levitación. Despacho, coche oficial, escoltas en su caso, gastos de representación, redecoración de oficinas, teléfonos de última gama combinado con las más sofisticadas PDA. No sé si ese derroche cada inicio de legislatura es preciso, pero debe serlo y yo prefiero pensar así porque a vista de cualquiera parece más un despropósito público, con dinero público, muy parecido a los Reyes Magos y a la ilusión de estos niños y niñas grandes con juguetes nuevos. Mi hijo de pequeño me dijo que los Reyes no existían, que serían muy viejos y que el creía que era la Junta de Andalucía o el Ayuntamiento. Hay que ver los que piensan los niños. Qué imaginación.